El Día de Ìṣẹ̀ṣe, celebrado cada 20 de agosto en el estado de Osun y reconocido internacionalmente, se ha convertido en un fenómeno global que trasciende fronteras geográficas y culturales. En 2026, la celebración alcanzó dimensiones sin precedentes, con participación activa en más de 45 países.
En Ilé-Ifẹ̀, la ciudad sagrada considerada cuna de la civilización yoruba, el Oòni Adéyẹyè Ẹnìtàn Ògúnwùsì presidió las ceremonias principales en el Templo de Ọ̀rúnmìlà. Miles de devotos vestidos de blanco llenaron las calles en procesión, mientras los tambores bàtá resonaban desde el amanecer.
"Ìṣẹ̀ṣe no es solo una religión, es la esencia de nuestra identidad como pueblo", declaró el Àràbà Àgbáyé durante la ceremonia de apertura. "Cada vez que honramos a nuestros ancestros, fortalecemos el vínculo que nos une como ọmọ Yorùbá, sin importar dónde nos encontremos en el mundo."
En la diáspora, las celebraciones tomaron formas diversas pero igualmente significativas. En Cuba, los templos de Ifá abrieron sus puertas para ceremonias especiales. En Brasil, los terreiros de Candomblé organizaron festivales culturales que combinaron la tradición con expresiones artísticas contemporáneas. En España, la comunidad yoruba celebró con rituales en espacios naturales, conectando con la energía de los Òrìṣà en tierras lejanas.
La UNESCO, que en 2023 reconoció el sistema de adivinación de Ifá como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, envió un mensaje de reconocimiento destacando "la vitalidad y relevancia continua de las tradiciones yoruba en el mundo contemporáneo."
Yisel Ifálàdé
Omo Yoruba Ìròyìn · Editor

